LLAVE

Alguien gritó: “¡Libertad!”

Y a lo lejos se escucharon
flautas y flautines
y hasta redobles de tambores.
De la oscuridad,
como un estallido,
brotó el azul celeste
disipando tormentas,
renovando,
los cenicientos cielos.

Alguien gritó: “¡Libertad!”

Y hubiera cabido esperar
que todo fuera alegría, risa,
urgencia, apremio,
por hendir los pies descalzos
en los recién paridos pastos
sobre la húmeda hierba
al son del esperanzador grito.

Alguien gritó: “¡Libertad!”

Ignorando, iluso:
tantos y tantos días
de tener la esperanza enterrada
bajo montañas de cal viva,
tanta soga enmarañada
custodiando manos y tobillos,
tanta garganta seca, amordazada,
huérfana de dulces melodías,
tanto cansancio vampiro,
tan poca risa ingenua,
tanto y tanto llanto oceánico
Tanta sombra sobre el alma.

Alguien gritó:  “¡Libertad!”

Y en la lejanía
para cuando ella pudo,
al fin,
darse cuenta,
abrir los ojos,
hacer un tímido gesto
para liberarse…
El idílico espejismo
cruel
había desaparecido,
enterrándola nuevamente
bajo el polvoriento y gris cortinaje
de aquellos últimos días.

Alguien gritó: “¡Libertad!”
Y,  sencillamente,
no ocurrió nada.

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